Foro Post Mortem
Autor: Gauguin Publicado: Pont-Aven, otoño de 1890
Mensaje
En el arte, el estado de ánimo ocupa las dos terceras partes del tiempo; por lo tanto, hay que cuidarse si se quiere hacer algo grande y duradero.
Autor: Gauguin Publicado: Pont-Aven, otoño de 1890
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En el arte, el estado de ánimo ocupa las dos terceras partes del tiempo; por lo tanto, hay que cuidarse si se quiere hacer algo grande y duradero.
Hay un puente tendido entre la costa y la isla. A un lado está Bukowski, al otro Whitman. Los tablones están hechos de virutas de errores. No es seguro estar en medio. Pero la brisa me gusta.
La historia está llena de códigos ético-morales. Principios que deberían seguirse durante la vida, así de simple. Hace tiempo que me mueve el interés por recopilarlos y compararlos. Algunos son curiosos, otros absurdos, otros tantos inútiles. O puede que todo lo contrario. Puede que los percibamos de ese modo y que los inútiles, realmente, seamos nosotros. ¿Servirían para algo hoy en día?
El Bushido, “el camino del guerrero”.

Hay algunos que se empeñan en ver el mundo como una oscura ciénaga de tragedia. Más bien, creo que es la moda de estas últimas décadas. Sí, hoy en día, el protagonista tiene que morir, no debe haber más que desengaño, y siempre tiene que haber algo peor a la vuelta de la esquina. Vale, muy bien, estupendo, pero en mi opinión, podéis coger ese mundo e inmolaros con él. Yo me uno a otro mundo: de melancolía dulce y finales felices, donde lo mejor está por venir y donde la voluntad de una sola persona es suficiente para doblegar al mundo entero. Yo me uno a ese mundo, el de los New Pornographers, el que se refleja en cada una de las canciones de este álbum. Yo me uno a todos los artistas que son capaces de iluminar la belleza del mundo; yo me uno a sus mentes. Yo me uno a vosotros, New Pornographers, y a otros muchos: The Shins, Camera Obscura, The Pipettes, Surfjan Stevens, Mojave 3, Trembling Blue Stars… Sois más revolucionarios de lo que imagináis.
La confianza en una rana saltarina. Croa, croa para mí; si no puedo disecarte, te aplastaré. Sólo quiero diseccionarte.

Creo que mis sentimientos me guían en todo lo que hago. Y creo que soy el mejor argumentando y razonando para que no se note. Ojalá fuera tan simple. Como distinguir el dibujo del color. En fin, bastante hago con preguntarme si soy dibujo o si soy color. Espero ser color. A fin de cuentas, así puedo ser ambos.
Había una vez, un insignificante pececillo en una pecera pequeña. Tanto era así que cruzarla de punta a punta no le llevaba más de cinco aletazos. Sus días pasaban recorriendo el líquido camino una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Pronto la penumbra fue cubriendo su limitada vida, sabiendo además con certeza, que moriría si saltaba fuera. Un día pensó, que si el camino constara de seis aletazos, su vida cambiaría por completo. Así que a mitad del camino, dio una voltereta, sumándole así el sexto; al volver, hizo lo mismo. Pasó el tiempo, disfrutó de su nuevo espacio, y más tarde la melancolía volvió. Entonces a su camino, le añadió dos volteretas. Ya eran siete pasos. El insignificante pececillo, había encontrado la respuesta. El tiempo pasó, el pececillo hacía ya toda clase de extravagantes piruetas. Tan graciosas eran, que sus dueños, impresionados por su talento, lo exhibieron al mundo. El mundo pagó bien el espectáculo. Algunos, sin embargo, se sentían apenados por el triste destino del pececillo. Actuaron. Una noche, entraron en la casa, sacaron al pececillo de la pecera, y lo arrojaron al mar. El pececillo sólo tenía una certeza en su limitada vida. Murió en cuanto se sumergió.
John Wayne en el umbral de la puerta, sombrío. No me gustan los westerns clásicos y, no obstante, siempre me identifico con él. Sólo que, a ambos lados de la puerta está el desierto.
A veces EL CINE vuelve a la vida. Y que conste: no me gusta el cine llamado social. ¿Por qué? Bien, como su nombre indica, se basan en problemas sociales, que a su vez, provienen de asuntos religiosos, económicos o políticos, o una mezcla de todos. Y su solución, precisamente, proviene de un ajuste interno de esos asuntos, o lo que es lo mismo, ellos mismos dan la solución al conflicto. Pues bien, yo creo que no, por mucho que nos gustara, un cáncer no decide cambiar su metástasis por vitaminas vigorizantes. Y precisamente por eso, esta película es grande. Porque ése es su mensaje. Porque habla directamente de la infelicidad y la felicidad íntima, personal. Y ninguna nación, sistema económico o secta puede hacer nada, acaso complicarlo todo un poco más. Al fin y al cabo, la búsqueda de la felicidad es la única búsqueda importante que queda; da igual dónde esté uno, da igual que nación, que religión o que forma de vida tenga uno alrededor si se tiene esa verdadera felicidad. Felicidad, que sólo se consigue con un intercambio de sentimientos verdaderos, sobre todo el amor, como bien demuestra la película Allá donde la sintamos, ése, ése será nuestro hogar y el resto, un simple camino. No, esto no es cine social, es mucho más.
La cultura de masas es como la comida de Mcdonald’s. No es nada nuevo. El arte se come, se traga y se caga a una velocidad cada vez mayor. Pero lo que me preocupan, son los valores que subyacen debajo. Todo arte transmite unos valores y creo que, los de hoy, caducan igual de rápido. Nihilismo estúpido, podríamos llamarle. Visto lo visto, empiezo a creer que no hay nada más contracultural que transmitir los valores clásicos. Un día de estos me pongo a hablar en latín y a leer a los transeúntes el Ars amandi o algo de Cicerón. Sinceramente, estoy hasta las pelotas del arte de de-construcción, dadaísmo, y anti-artes de limpiarse el culo. Hoy más que nunca, la cultura es la contracultura. Paradójico.